Que si fue que si vino, que si calabaza que si pepino, con dos pesetas rubias bajas por las escalerillas del túnel, a última hora de la mañana, camino de la Plaza de los Carros, donde tiene el puesto, Teresa, la frutera, a ver si queda alguna fruta de saldo, que en casa no hay demasiados posibles y tu madre tiene que estirar el sueldo hasta el infinito. El caso es seguir subsistiendo, aunque sea con un puñado de pepinos, luego vendrá la sal, la miel o el vino.
Sin atenerte a razones, con tus ocho años, apuntando ya maneras de zangolotino, te fijas en un puesto de hortelanas, a ti de siempre te encantó el color amarillo y ahora tienes la oportunidad de comprar un buen pepino grande hermoso y amarillo como el oro puro. El mejor pepino del mundo para una buena ensalada. ¡Lástima que tu santa madre no sea de la misma opinión y al llegar a casa te reproche tus gustos pepineriles!
-Pero hijo mío ¿Cómo se te ocurre traer un pepino amarillo y tan grande?
-Es que a mí me gusta mucho el color amarillo y por eso.
A partir de entonces, el pepino y tú como uña y carne y lo encuentras todos los veranos refrescándose en las fuentecillas, regatos o riachuelos donde era costumbre ir de merienda las tardes de domingo o fiesta de guardar: El Corpus, San Pedro, Santiago,18 de Julio, la Asunción, etc, el Porlan, al otro lado de la Playa Artificial, la Teja, el Terminillo y muchos lugares entrañables que duermen en el baúl de los sueños.
Al olor de esta noble cucurbitácea vuelves a reencontrarte en Moneda-14 jugando con tu padre a ponerte los culos de pepino en la frente, para que estés fresco, o en el antebrazo, para que el calor no te fatigue y no te reseque el cerebro.
Aunque para buenos pepinos los de la vega de la Olmedilla, mirando a tu abuelo sacar la navajilla e hincarle el diente y más tarde los cultivados en la Guli, a tiro de piedra de Fuentenava de Jábaga, feudo del alcalde Chamón en la actualidad, envidia de los demás vecinos, cuidados y mimados por Isidoro, orgullo de la familia, pepinos como Dios manda: Pepino con miel de colmena, cosa buena; y con miel de caña, no hay tal bocado en España.
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y tus dudas lingüísticas alcanzan de lleno a la idiosincrasia del pepino, por un parte si decirle a alguien cabeza de pepino es malo, por qué es bueno si Pepito ve en el pepino motivo y causa suficiente de pegarle siempre al niño de la canción famosa ya en todas las latitudes; Mamá, papá, Pepito me quiere pegar/ ¿Por qué? / Por na…por un pepino…por un tomate, por una onza de chocolate…
Y ahora que aún estamos saboreando las mieles del triunfo en el Mundial de Fútbol en África, si darle un buen pepinazo al balón es bueno, ¿Por qué decir que “vales menos que un pepino es malo, malo de rabiar de la muerte? ¡O que el melón sabe a pepino?
¡Qué injusto es el mundo! ¡Con lo bien que me lo pasaba yo comprando pepinillos en vinagre en la tienda del Sr. Daniel García en la puerta de Valencia, para que me diera cromos de “Maravillas del Mundo” ,lástima que un día se hizo guardia y se marchó a Barcelona a desayunar miel sobre hojuelas y poner en aviso a quienes sueñen con pepinos: ni más ni menos que son momentos de cansancio que precisan reposo para recuperar la energía perdida. A veces y en función de otros elementos que intervienen en el sueño, puede tener cierto contenido sexual…será por el formato, que Natura le dio, digo yo, aunque, con el paso del tiempo, cada día estoy más seguro que el tal Pepito es un envidioso que se encapricha de cualquier cosa.
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