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Voces de Cuenca | Contraportada
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20/02/2012 - PSICOLOGÍA
Por Francisco Javier Sánchez. Psicólogo

Los datos objetivos respecto al envejecimiento de la población española nos indican que dentro de 30 años, España será el país con la población más anciana del mundo. 

Sabemos también que en los países desarrollados 60 personas de cada 100 tendrán más de 65 años dentro de ese mismo período de tiempo y la ONU estima que en 2050 más de un 30% de la población mundial tendrá más de 60 años.

Frente a estos datos reales e incambiables, nada podemos hacer. Es el paso inexorable del tiempo. Sin embargo no es menos cierto que hay diferentes formas, predisposiciones o actitudes con las que nos podemos enfrentar a la vejez.

Lejos de ser entendida como una etapa homogénea y estable, entiendo debemos presentarla, como una etapa más de nuestra vida en la que sería muy positivo valorar más las ganancias que las pérdidas, poner en una balanza lo uno y lo otro. Una etapa en la que debe existir una “renovación cada día” frente a una actitud negativa de proximidad a la muerte.

No dejo de sorprenderme en la Asociación de Esclerosis Múltiple de Cuenca, con la que colaboro desde hace más de 6 años, de la “fuerza” y el “potencial” con que algunas personas del grupo de autoayuda con el que trabajo se enfrentan a su vejez, a su expectativas e ilusión por la vida (desgraciadamente también he trabajo en consulta con jóvenes que se sienten verdaderos “viejos” enfrentándose a la vida sin ilusión alguna). 

Es sencillamente magnífico que una persona que ya no trabaja, jubilada, con una minusvalía elevada por enfermedad afirme en el grupo que “cada día para ella es distinto, porque sigue sin saber que le esperará a lo largo del mismo”, o que diga que “sigue sin darle muchas veces tiempo a realizar todo lo que tenía planificado para ese día”. La sonrisa con la que lo expresa, “delata” su afán y expectativas por seguir peleando día tras día, de sentirse útil y necesaria para los suyos o de mantener la ilusión por las pequeñas cosas (desde un amanecer, hasta el olor de las plantas). 

Ser viejo (por cierto, me encanta esta palabra frente a los eufemismos utilizados frecuentemente) implica una serie de aspectos positivos que deberíamos valorar más a la hora de enfrentarnos a ello. Pilar Varela los describe perfectamente:
 

- Actitud de integración: Mirar la vida en su globalidad. Recoger sus frutos. Compensar las experiencias buenas con las menos buenas.
- Tolerancia: Capacidad de comprender casi todas las cosas.
- Sosiego: Desaparece la ambición y la competitividad. Equilibrio emocional. Control de las pasiones.
- Sabiduría: “Poner las cosas en su sitio”. Reconocer lo que es verdaderamente importante.

La ansiedad ante la muerte es algo relativamente frecuente durante la vejez y suele ser también un factor crucial a la hora de nuestra calidad de vida. Existen muchos estudios sobre este tema asociados a trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, e ideación autolítica que nos proporcionan muchas ideas acerca de la percepción del mundo de nuestros “viejos”.

Una vez más considero las técnicas de reestructuración cognitiva claves en este proceso, a la hora de manejar y controlar las emociones junto a otros aspectos terapéuticos importantes a trabajar. 

“Envejezca sanamente (a nivel psicológico), valore el camino recorrido, aproveche su paso por el tiempo de manera positiva, utilice su experiencia para incrementar su calidad de vida”.

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Fuente: wikipedia commons
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