A finales de enero el presidente de Renfe-Operadora, Teófilo Serrano, anunciaba que en los próximos meses realizarán un estudio de las líneas convencionales para determinar si son rentables o no, con el objetivo de proceder al cierre de las deficitarias que no cuenten con apoyo de los gobiernos autonómicos. Y este es el caso de la única línea que sobrevive en Cuenca: que es deficitaria, con una ocupación media en 2008 de 40 pasajeros diarios, y carece del apoyo de la Junta de Comunidades desde que expiró, en el año 2002, el convenio suscrito en 1995.
Además, según recoge el balance de la compañía y el informe de la Auditoría de Cuentas Anuales de 2008, Renfe-Operadora reclama a la Junta de Comunidades y a diversos organismos de la administración regional, un total de 19.193.000 euros por haber mantenido en funcionamiento desde el año 2002 las líneas convencionales Madrid-Talavera y Madrid-Cuenca-Valencia. Según explica la operadora, ese es el monto calculado en función del convenio del 1995.
Hasta la fecha el hecho de que la línea tuviera servicio de cercanías tanto en la Comunidad de Madrid como en la de Valencia, unido a un intangible ‘interés social’ por ser el único servicio de ferrocarril con el que cuenta Cuenca, ha permitido la supervivencia de la línea aunque catalogada como de nivel C, el más básico de la compañía, al que le destina únicamente el mantenimiento esencial para garantizar su seguridad.
Pero el traspaso en un futuro inmediato de los servicios de cercanías a las Comunidades Autónomas de Madrid y Valencia y la llegada del AVE dibujan un panorama distinto en el que el tren convencional, ya sin esa función social que lo singulariza, puede ser perfectamente prescindible.
Previendo una situación similar, otras comunidades autónomas que al igual que Castilla-La Mancha habían aparcado los protocolos con Renfe, se han apresurado en los últimos años a ponerse al día y han firmado nuevos acuerdos con la operadora. Es el caso de Murcia, Andalucía o Extremadura.
No ha ocurrido así en Castilla-La Mancha. Ya en el año 2003, el entonces consejero de Obras Públicas, Alejandro Gil, declaraba la política de convenios con Renfe en suspenso “hasta tanto no conozcamos las verdaderas intenciones del Gobierno central” para las líneas deficitarias después de la entrada en vigor de la nueva Ley del Sector Ferroviario.
Meses más tarde en sesión de cortes celebrada el 15 de noviembre de 2004 para explicar los presupuestos de su departamento, al entonces consejera María Encina Álvarez, contestaba a una interpelación sobre la ausencia de estos convenios afirmando que su intención era firmar un convenio con Renfe “pero de una manera que no va a suponer que nosotros vamos a sostener y mantener lo que ha sido el déficit de una línea de ferrocarril determinado por la falta de inversión durante ocho años en el mantenimiento y renovación de las líneas de ferrocarril convencional. Resulta que lo que no va a hacer este Gobierno es sufragar los costes deficitarios, de déficit de las líneas de ferrocarril convencional. Eso sí, va a negociar y a exigir al Ministerio de Fomento que mantenga en servicio todas las líneas y todas las paradas de tren convencional”.
La oportunidad podía haber sido el protocolo de colaboración que a finales de 2005 firmó el presidente Barreda con la ministra Magdalena Álvarez. Un protocolo en el que se fijan el desarrollo de las infraestructuras de Fomento en la comunidad, cesión de carreteras, declaración de Interés general de la Autovía de la Alcarria, desarrollo de las líneas de Alta Velocidad, pero en el que el tren convencional queda relegado con el compromiso etéreo de mejorar las líneas y suprimir los pasos a nivel.
A falta de la llegada del AVE, del que se desconocen todavía detalles importantes como el de la frecuencia de paradas y el tipo de servicios que va a prestar, en la actualidad el tren convencional es la principal comunicación por transporte público entre Cuenca y Valencia capital ya que la concesión del servicio de autobuses que tiene Alsina (adquirida por Monbús) ha eliminado algunos servicios semidirectos que había entre ambas ciudades, que salvo en verano sólo funciona los días laborables.
El servicio de las 7,30 ha sido trasladado hasta las 8.30 y ha pasado de ser semidirecto (sólo paraba en Campillo y Minglanilla) a desviarse también por Utiel y Requena y sumar media docena de paradas.
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