Oler a chamusquina es rizar el rizo de los olores, más o menos como oler a cuerno quemado, pero en fino. Para poder percibir este olor hay que tener un sexto sentido, el del olfato teórico, que se obtiene a través de un curso de larga duración, es el curso de la vida. El olfato práctico lo tiene cualquiera, el teórico solo unos cuantos privilegiados capaces de oler no solo por la nariz sino también por las orejas. La chamusquina es pariente de la pata de cabra, de la barba del macho cabrío, de las zahúrdas de Plutón.
Cuando paseando un día por Carretería, se me rompió una de las sandalias (no había para zapatos) papá Isidoro me hizo pasar a la Relojería Gimeno (junto al Martina) a que me la arreglaran, fue la primera vez que olí a chamusquina. Mi bautismo de fuego en el barriobajero mundillo de la trampa y la zancadilla camuflada.
Cuando en el cine Palmeras (frente al parque de San Julián, junto a Boni),estando ya acomodado en un lugar privilegiado vino un señor con traje y me dijo que aquel sitio era suyo, olí a chamusquina.
Cuando en una conversación de mayores contaban algún chiste verde , todos reían mirándome a ver qué decía yo, y como no lo entendía del todo, me limitaba a sonreír como el tonto del pueblo, atufado entre una densa nube chamusquinera.
Otras chamusquinas han venido a mi olfato:
- *Cuando en el Cuarto de los Leones, nuestra leonera doméstica, descubrí un hermoso caballo de madera, en víspera de Reyes, justo igual, igual que el que me trajeron Sus Majestades, unos días más tarde.
- Cuando jugábamos al fútbol en las eras del Tío Cañamón y siempre me ponían de portero.
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Cuando D. Augusto lanzaba sermones apocalípticos sobre el infierno desde su púlpito en la antigua iglesia de San Esteban
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Cuando los guindis nos rajaban el balón delante de nuestras narices por jugar al fútbol en la calle.
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Cuando , una tarde aciaga, volviendo en tren a Cuenca desde Chillarón, un celoso revisor multó a mi santa madre (que llevaba a mi hermano Pepe en brazos, pero que iba sin una perra encima) por no haber sacado billete para el bebé.
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Cuando en la escuela de Don Roberto soltábamos de carrerilla la lección todos en semicírculo, el chavalón que tenía a mi lado me amenazaba darme una paliza si no le soplaba la retahíla .
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Cuando en la calle de la Moneda , nos bajaban al piso de abajo ,justo antes de que viniera la cigüeña y mi hermano y Antonio y yo dos quedábamos con un palmo de narices al subir de nuevo y ver a otro hermanito en la cuna, sin oler siquiera por donde había bajado el avechucho.
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Cuando en la calle de santa Teresa, Tiradores Altos, lancé al aire un pedrusco que fue a parar desgraciadamente al coco del Chato y me escondí debajo de una pila horas y horas porque el tal Chato echaba sangre como un gorrino, con perdón.
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Cuando en la Plaza de Cánovas ,junto a la Singer, teníamos un quiosco de frutos secos y baratijas, y un señor muy señoreado, fumando Montecristo ,al pedirle que pagara el producto comprado se quitó el puro de la boca y dijo:
-Eso no vale ni la mitad. Os voy a denunciar, chaval.
y se marchó tan pancho, sin pagar lo que valía.
- *Cuando, ya mayor, descubrí algunos chanchullos administrativos y la apisonadora oficial me planchó a placer porque ¿usted qué se ha creído? y no sabe con quién está hablando.
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