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Voces de Cuenca | Contraportada
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15/10/2010 - CUENCA DE MIS OLORES
Por Juan Clemente Gómez

Aunque seta y hongo no deben confundirse, para nosotros, conquenses de rompe y rasga, el lactarius deliciosus es y será siempre el hongo por excelencia, que por oler le huele hasta el aliento a bosque, pinar y juma .El hongo no tiene un olor per se, como dicen los filósofos, sino per accidens, huelen las circunstancias, el entorno, la ceremonia, el ritual. Cuando uno está lejos del terruño y ve hongos en el mercado, sólo el verlos ya huele a Cuenca, es pues un olor atávico ,mistérico y reverencial que pasa de de padres a hijos, como una herencia gloriosa, de valor espiritual.

Los primeros recuerdos están unidos al padre, camino de Sotos, cestilla en ristre y navaja reluciente. Aterrizas en este bello pueblo cercano a Cuenca, de tantos momentos entrañables, junto a Vicente, el amigo de la juventud, el tío Vicente para todos. De Sotos salieron para la guerra del 36 unos cuantos mocetes con el biberón en bandolera y a Sotos llegaron al final, derrotados, cansados, campo a través desde Madrid, escondiéndose durante el día y caminando desnutridos por la noche, pidiendo mendrugos de pan en los arrabales de los pueblos por los que pasaban.

-Y al llegar a Sotos estuvimos escondidos tres días en el monte, viendo el pueblo allá abajo, pero sin atrevernos a salir del escondite por si nos hacían algo.

Tantas veces te lo ha contado Isidoro, que ya identificas, hongos, Sotos, tío Vicente y la guerra .Al final bajaron los mozos, les dieron cuatro palos y otra vez a marcar el caqui, en Zaragoza, pero ahora con el ejército vencedor.

Isidoro fue todo un maestro en el arte de buscar hongos. Aunque no hubiera él los encontraba, como un zahorí hongueril, sin importar ni la hora ni el día ni el mes. Incluso en vísperas de Navidad tenía sus rodales particulares.

-Mira, ves aquella juma que sale un poquete , pues debajo hay uno, y de los gordos…

Donde ponía el ojo, el hongo salía como por arte de magia, como un duendecillo somnoliento, como una ninfa descubierta en su intimidad.

Otro de mis maestros en el arte micológico ha sido el tío Dionisio, trotamontes, andasierras, danzante forestal y factótum en la fábrica de D. Justo Fernández, maderas S.A. Salió de Castillejo de la Sierra para descubrir los montes y hermanarse uno a uno con los pinos, trochas, atajos y carriles, nada se le escapaba a sus ojos andariegos.

-Me sé un rodalete de los buenos buenos, en un sitio que nadie se lo sabe…

El año que viene de cara puedes encontrar hongos hasta en las cunetas de la carretera de Palomera. Tú los has cogido en los sitios más inverosímiles, en el camino, en campo abierto, bajo los robles y entre la juma más espesa, incluso en la Mancha de tus quereres, Pedroñeras del Ajo Bendito, de pinares reducidos y densos, hasta perder el norte y la cabeza de tantos que sacabas debajo de la húmeda samuja .

Oler a hongo es también olor a vaca, a toro bravo pastando en la dehesa, por los Palancares y recuerdas una ocasión que casi te das de bruces con la manada, torito, torito bravo. Ni te imaginas la cara de los dioses oliendo el fritillo de honguetes, o el asado a la plancha, muertos todos de envidia, por bajar a Cuenca y emborracharse con el divino tufillo.

Al lactarius deliciosus se le conoce por otros muchos variados nombres dependiendo de la región geográfica:

O sea que en todos los sitios cuecen habas, pero en Cuenca a calderadas, hasta el famoso Coll se puso un hongo por sombrero; por cierto, dicen que para ir a buscarlos y con el fin de no equivocarse y coger alguno venenoso, hay que llevar puesta la camisa del revés. Pues ya ves, D. Andrés.


 

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