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Voces de Cuenca | Opinión
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08/09/2010
Por Luis R. Mate

Se aproximan las elecciones autonómicas y municipales con sus exigencias de montajes publicitarios susceptibles de engañar una vez más a masas en las que prevalecen los impulsos emocionales de los votantes sobre una pragmática percepción de la realidad. Desguazada de principios morales, y atrapada por la bazofia televisiva y mediática, la mayoría de las gentes evidencian unas descomunales tragaderas para los feriales electoralistas y las artimañas demagógicas.

Ha transcurrido un largo periodo de silencio cómplice sobre los formidables hallazgos paleontológicos bajo el monte conocido secularmente como Lo Hueco. La toponimia ancestral es el reflejo de un empirismo acumulado por generaciones. De una realidad experimentada. El nombre de Lo Hueco, ya se sabe, provenía que a hueco sonaba cuando sobre la superficie rocosa golpeaban los cascos de las caballerías. Señal de que debajo existía una gran oquedad. Pero la soberbia tecnológica desprecia el conocimiento tradicional y en vez de una cata previa se prefirió horadar el túnel para el AVE. Y apareció el mayor depósito de variadas especies de dinosaurios, algunas desconocidas, existente en España y posiblemente en Europa.

Ahora, con las elecciones en ciernes, la Junta y sus ramales conquenses han reparado en que Lo Hueco, olvidado y marginado durante muy largo tiempo, puede reportarles réditos en las urnas. Y varios de sus organismos se han lanzado a improvisar un programa de desarrollo de Fuentes y su entorno en que se mezclan y confunden museo, edificio de congresos, hoteles, espacios de recreo y medio ambiente. Una suerte de pajarera en que se pretendiera hacer convivir a palomas con especies depredadoras.

El valor de lo hallado en Lo Hueco posee un alto y esencial valor científico para la paleontología. No sólo nacional, sino internacional. Se tardarán años en recomponer el rompecabezas de los restos hallados, datarlos, clasificarlos por especies, contrastarlas con los encontrados en otros depósitos europeos e incluso ajenos a nuestro continente. Una tarea meticulosa que requiere un consistente equipo de especialistas, colaboradores, medios técnicos acordes y un espacio de dimensiones apropiadas para tan ingente empeño.

La improvisada propuesta electoralista para Fuentes es tan estúpida como ofrecer una estación espacial a los de Villar de Cañas para que abandonen su oferta para el ATC. Acaso resultara más positivo recrear el ambiente de Lo Hueco y dar acceso turístico a lo que respetó el túnel del AVE.

Han transcurrido años desde que se encontraron los primeros restos del hombre antecesor en Atapuerca. Y sólo después de un arduo quehacer científico y de un acopio suficiente de reliquias de aquel lejanísimo pasado se decidió edificar un museo que, al propio tiempo, permitiera compaginar su función con la investigación científica. Pero a nadie se le ocurrió la peregrina idea de instalar el museo en el entorno del yacimiento de Atapuerca, sino en el vecino Burgos, ciudad que dispone de todos los servicios que se pretende promover en Fuentes, dotada de comunicaciones idóneas y a cuya atracción turística existente se añadirá la generada por el museo. Prevaleció felizmente la funcionalidad sobre el oportunismo demagógico.

La Junta de Castilla y León, según es informativamente notorio, apoyó desde el primer momento las exploraciones en el filón de Atapuerca. Pero en vez de tomar decisiones por su cuenta, acopló sus ayudas a las indicaciones de los investigadores. Fueron éstos los que, con buen criterio, aconsejaron la edificación del museo en Burgos. Pero Barreda dista mucho del pragmatismo de Herrera. Barreda, legítimo hijo político del pastelero Bono, ha sido catastrófico para nuestra autonomía. Y puede serlo también para el tesoro de los dinosaurios de Lo Hueco.

La última imagen de lo hallado en Lo Hueco que recuerdo, ya lejana, es una fotografía del almacén arbitrado en área industrial de Cuenca con largas estanterías metálicas en que se amontonaban los restos de los dinosaurios rescatados hasta entonces. Desconozco si todo sigue poco más o menos igual. Lo razonable sería disponer de un espacio acorde para el ingente trabajo a que se enfrentan los especialistas y potenciar en la Universidad de Cuenca un Departamento de Paleontológica en estrecha colaboración con el equipo de investigadores.

La Universidad y la ciudad disponen de instalaciones acordes para la celebración de encuentros, seminarios y congresos relacionados con los hallazgos de Lo Hueco. Y la capital de oferta hostelera suficiente. Y cuando el AVE por fin funcione, una cómoda accesibilidad. ¿Para qué inventar lo que ya se tiene y desviar inversiones de lo que realmente importa, si es que tras las elecciones no se olvida, como es habitual, lo que se prometió?

No han faltado iniciativas pintorescas al hilo de la farandulera iniciativa de la Junta y adláteres socialistas para Fuentes. Como instalar el museo en el edificio del Seminario, cuando uno de estas características precisa un espacio funcional, moderno y acorde con lo que resulte de los ensamblajes y los trabajos de investigación consiguientes. O llamarle Museo Darwin, cuando lo razonable y expresivo sería denominarlo Museo de Lo Hueco o Museo de los Dinosaurios. Tampoco parece que el Ayuntamiento de Cuenca, regido por el PP, haya prestado mayor atención a ese tesoro paleontológico que la casualidad nos ha regalado.

Todo lo anteriormente comentado y un análisis paralelo de la realidad autonómica y la más penosa aún de nuestra provincia, conduce a la conclusión de que Lo Hueco equivale a la gran oquedad política, repleta de dinosaurios de la burocracia partitocrática, que nos oprime y ciega las salidas hacia la recuperación y un más alentador futuro.

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