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Voces de Cuenca | Opinión
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09/09/2010 - Entropía
Por Jesús Neira Guzmán

De verdad que en Cuenca tenemos un cuajo digno de mejor empeño. 20 años hace ya del descubrimiento de los primeros restos fósiles del yacimiento de “Las Hoyas”, exponente del Cretácico inferior con fósiles datados hace 120-130 millones de años. El yacimiento ha sido ahora protagonista en la revista Nature por la presentación de los resultados del hallazgo en 2003 de un ejemplar de dinosaurio carnívoro y con chepa de unos 6 metros de envergadura, es el “Concavenator corcovatus”, apodado “Pepito” por los investigadores, un ejemplar 4 veces más grande que los velocirraptores de la película Parque Jurásico, y que vivió hace 125 millones de años.

Han pasado tres años desde que los 8.000 restos fósiles del yacimiento de “Lo Hueco”, en Fuentes, con 10 ejemplares casi completos pertenecientes a 8 géneros diferentes, situaron a Cuenca en el primer plano internacional de la paleontología, un exponente del Cretácico superior con restos datados hace 80-90 millones de años.

Con sus miles de fragmentos de huevos de dinosaurio, Portilla conforma el tercer vértice de un triangulo de oro que ya tenía que haber convertido a Cuenca en referencia internacional, tanto en conocimiento paleontológico, como en turismo y ocio cultural en torno a los dinosaurios.

En noviembre de 2007 el Presidente Barreda anunció un ambicioso proyecto con un museo y centro de investigación, además de un parque temático y de ocio, y afirmó que no vamos a escatimar en gastos, porque este proyecto es ambicioso y vamos a hacerlo a lo grande”.

En mayo de 2008, la empresa GEACAM adjudicaba por 122.960 euros la elaboración del proyecto de viabilidad y puesta en valor turístico para el yacimiento de “Lo Hueco”, y su director afirmaba “Queremos que sea un foco de atracción de turistas y creemos que se convertirá en un lugar importante para el desarrollo de la ciudad, la provincia y la región”. El proyecto elaborado a finales de 2008, y que hasta el momento no ha sido dado a conocer a la opinión pública, estimaba en más de 70 millones de euros el coste de la nueva infraestructura para la investigación y el turismo.

La entrada en escena con todos los honores del dinosaurio “Pepito” en este verano de 2010 nos vuelve a recordar la urgencia de un proyecto que podría marcar un punto de inflexión en el desarrollo del turismo cultural en Cuenca.

En más de una ocasión he escrito sobre este parque de ocio y del conocimiento que en mi opinión, y a partir del foco de atracción que suponen los dinosaurios, debería ampliar su ámbito a la evolución de las especies aprovechando que el año pasado se cumplieron los 200 años de la publicación del “Origen de las especies” de Charles Darwin.

El conocimiento de los dinosaurios ejerce una poderosa atracción sobre los humanos, pienso que la razón es que simbolizan mejor que ninguna otra especie la grandeza de la evolución natural de la que somos resultado, el vasto número de especies que nos precedieron y se extinguieron, y la enorme vulnerabilidad de todas ellas, quizás también de la nuestra, porque la evolución es el resultado precisamente de la extinción de aquellas que no fueron capaces de adaptarse a los cambios del medio en que vivían. Sabemos que la supervivencia de la especie humana depende también de nuestra capacidad de adaptación, y la extinción de los poderosos dinosaurios nos produce por tanto una mezcla de fascinación y vulnerabilidad.

En lo que es ahora la serranía conquense, durante decenas de millones de años se desarrollaron y extinguieron numerosas especies de insectos, reptiles, dinosaurios y plantas. El hábitat de la nueva especie de dinosaurio ahora conocida, era hace 125 millones de años un humedal, una marisma con altibajos en el nivel de agua, con una estación seca y una húmeda en un clima subtropical, con un tapete vegetal con grandes helechos arbóreos y bosques de coníferas en torno al humedal. Del Cretácico inferior datarían también las primeras plantas con flores, tal vez acuáticas.

La nueva instalación científica y de ocio de nivel internacional en Cuenca podría ser similar al parque de las ciencias de Granada, que ocupa una superficie de 70.000 metros cuadrados con múltiples centros e instalaciones. Los terrenos de Renfe serían una ubicación privilegiada que permitiría la extensión del parque lúdico-científico en amplias avenidas y jardines para su plena integración en el entramado urbano.

El Museo de Ciencias Naturales de Madrid guarda en almacenes decenas de miles de ejemplares recogidos por la privilegiada generación de naturalistas españoles del siglo XIX. Parte de esas colecciones, que el Museo no podrá exponer nunca, podrían incorporarse al Parque Darwin de las ciencias naturales y la evolución de las especies de Cuenca.

Por supuesto que la madera tiene que ser protagonista de un diseño arquitectónico de vanguardia para este parque científico-temático de nivel internacional, un diseño que aporte valor en sí mismo, al articular un polo de movilidad sostenible y de espacios públicos para las personas, no para los coches, en el mismo centro de Cuenca. El nombre se lo tendrá que buscar un experto, a poder ser el mismo que se inventó el de “Faunia” para el Zoo de Madrid.

En 2007, El País publicaba bajo el título “La Atapuerca de los dinosaurios” un amplio reportaje sobre los hallazgos de “Lo Hueco”. Precisamente en este año se ha inaugurado el Museo de la Evolución Humana en Burgos, en torno a los hallazgos de Atapuerca. 

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