Voces de Cuenca | Semana Santa
02/04/2010 - LITERATURA
Por Pepe Monreal
Vuelvo a San Antón, un año más, a contemplar como se derrama el manto multicolor desde el Cerro de la Majestad….
Jueves Santo de luz de primavera, que apenas asoma por la hoz del Júcar verde que enmudece a su paso por el puente milenario. Jueves de Paz y Caridad a ritmo de monótona campana que recuerda la muerte cercana –inevitable- del reo que camina lentamente hacia su destino inexorable.
Vienen a mi memoria los versos del poeta Torres… “Color. Dolor. Hoz…”, en tanto se eleva al cielo una oración. Nubes que presagian la tragedia escoltan al Nazareno en su majestuoso desfilar entre tupilas de llama temblorosa que derraman lágrimas de cera ardiente.
Jueves de Paz y Caridad, de espera larga y tensa. Jueves de Pasión de la Cuenca nazarena que acude en masa a escuchar el rumor del viento enredado en los bordados de guiones y estandartes desplegados de las hermandades.
Presencia y ausencia se dan la mano a las puertas del templo. Lágrimas y abrazos se funden, una y otra vez, bajo el banzo que aguarda el hombro penitente…
Jueves Santo de sol cobarde que se esconde tras las nubes, avergonzado al contemplar el tormento al que voluntariamente se somete el más grande de los humanos y el más humano de los dioses.
Resuena el tambor y contesta el clarín. El bancero templa el ánimo y tensa el músculo. La horquilla busca el suelo con firmeza. Avanza el paso entre los sones de la banda que desgrana marchas de dolor.
Tiempo de espera. Silencio al paso solemne del nazareno que camina hacia la muerte. Luz de atardecer. Un minuto más y la noche caerá sobre la ciudad que aguarda la siguiente madrugada.
Enmudece San Antón, una vez más. A lo lejos resuena el eco del batir de horquillas y cetros. Silencio. Color, dolor, hoz. Vuelven a resonar las palabras del poeta: “Me gustaría ser Dios en Cuenca, un Jueves Santo, por ejemplo, y arrojar cubos de luz, chorros de cera a los chopos.
Hacer un homenaje a Federico, con azafrán y flores de la Alcarria…”