Hojas secas y pisadas, porque si no, no desprenden olor. Hojas secas caídas de los árboles del vivero, del Recreo Peral, cuando en el Recreo Peral había perales y el lugar servía para solaz del pueblo llano. Hojas secas descuajadas de las ramas, abandonadas a su suerte para que el caminante las pise o el viento juegue con ellas al escondite, al pilla-pilla o al cucutrás. Su olor es húmedo, mezcla de duende del bosque y elfo meditando sobre la caducidad de este mundo, tierra fértil y añoranza indeterminada, un no sé qué otoñal que se me escapa la vida y un no se cuántos que no me acuerdo.
Las hojas secas son la cara oculta del jajajá, rebosan humildad , temperancia, sosiego, están ahí porque tienen que estar cumpliendo su papel, comparsas leves de la naturaleza implacable, lejos del bullicio de la primavera, señalando el invierno ,decorando involuntariamente suelos, calles, plazas y senderos. Adornando las riberas de un ocre macilento, un color desdibujado, temeroso, tímido, acobardado por la cercanía del frío, color de hoja muerta, en busca de un pintor surrealista, capaz de transformar la muerte en vida, la oscuridad en resplandor, la decrepitud en lozanía.
Hojas desparramadas en los alrededores del Júcar, junto a “La Rana”, cuando papá Isidoro te llevaba a ver cómo los hombres pasaban las horas echando las chapas con elegancia, como si estuvieran jugando la final del mundial “Bocarrana”.Recreo Peral de tardes de merienda , vino con gaseosa y melón a refrescar en la fuente del Abanico, donde tantas veces has contado la leyenda a propios y extraños, escenificándola con ese aire tuyo tan cómico y titiritero.
-Oiga,¿ es que es Usted guía turístico?.
-No señora, es que me sale así, de dentro.
Hojas del Vivero, Parque de Santa Ana, alfombrando parterres junto a innumerables castañas locas. Aún recuerdas cómo decoraste tu casa de Puebla el Salvador con varias docenas de hojas .La Puebla y largas tardes de silencio, noches de soledad, mirando las hojas como un papamoscas, a ver cuando llega el verano y nos casamos, Emilia, amor.
Hojas secas que huelen a maleta vieja, a culo de baúl ajado, a esplendor arrugado y a pelusa de cuarto oscuro y te ves mozalbete paseando por la Isla en Burgos, teenager universal con la montera de tus quince años por corona celestial, dispuesto a comerte el mundo y dejarle las sobras a los gatos famélicos que rondan por los tejados de la calle de la Moneda .
Hojas secas para hacer cigarrillos y escupir bilis adolescentes en los rincones .Hojas muertas que esbozan al caer un rictus de hidalguía y sana prestancia, con la esperanza de dejar el campo abierto a otras nuevas, quizás la próxima primavera, para que el mundo siga siendo el mundo, tus ojos, niña Emilia, un par de poemas , que ya lo dijo Calderón : ojos verdes son temblores y las hojas… hojas son.
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