La edición europea de The Wall Street Journal publica hoy un reportaje firmado por Jonathan House y Joe Ortiz en el que se personaliza la carrera emprendida por 8 localidades españolas para albergar el ATC de residuos nucleares, un reportaje en el que llaman la atención dos detalles: el hecho de que se hayan fijado, entre todos los candidatos, en el municipio conquense y el de que la candidatura de Asco, a priori la localidad que reúne más condiciones para albergar el silo, ocupe un lugar secundario en el relato, al final del reportaje y sólo para reseñar las declaraciones de su alcalde, preocupado porque el anunciado cierre de su central nuclear amenaza al 75 por ciento de su presupuesto y a la estabilidad de 1.600 puestos de trabajo.
El relato que hacen los periodistas desplazados hasta la localidad comienza con unas declaraciones del alcalde, José María Saiz al que describe ilusionado con este proyecto que puede suponer la revitalización de un pueblo "Cuando llega una vez en la vida una oportunidad como esta, la agarras", explica el alcalde.
El reportaje enmarca la carrera por albergar el ATC en plena crisis española, con el crack de la construcción, el déficit disparado, una tasa de paro del 20 por ciento y un sistema bancario con problemas. Un panorama que para un municipio como Villar de Cañas augura pocas esperanzas de futuro.
Subraya también el respaldo popular –cerca de un 68 por ciento de los vecinos censados han firmado a favor- de la instalación del ATC en su municipio. En este sentido son sintomáticas las impresiones que recoge de dos vecinos, una prima del alcalde que asegura –frente a los posibles riesgos que conlleva la instalación del ATC- que en la actualidad, sin el almacén, “el pueblo ya está muerto” y las de un constructor de la localidad que reconoce que sin el ATC “no sé lo que voy a hacer”.
En contra relata la experiencia de una mujer a la que le obligaron a descolgar una pancarta en la que se leía “no queremos el ATC” porque invadía la casa de un vecino, los argumentos de Greenpeace, con su apuesta por suprimir paulatinamente toda la energía nuclear y, mientras tanto, almacenar los residuos donde se producen, y la oposición del Gobierno regional, del que reseña, simplemente, que su presidente José María Barreda “ha dicho que no quiere un vertedero en su región”.
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