Por Belén Guerrero
Al alba, despunta el día, dejando entrever las suaves tonalidades que acompañan al primer domingo de agosto. El sol del amanecer comienza a mostrarse, en la mañana más importante del año para nuestro pueblo.
Los sentimientos de miles de personas….moteños de nacimiento y de adopción….recorren los campos perfumados…desprendiendo una sublime alegría…que nos acerca hasta un paraje de ensueño….sentimientos que vuelan hacia Manjavacas….en busca de nuestra Patrona….en busca de sonrisas…y recuerdos….en busca de nuestras ancestrales raíces y tradiciones.
La carretera, a la luz del día, está concurrida al máximo. Todo tipo de vehículos circulan sobre el ardiente asfalto….coches, tractores con remolques, calesas con caballos, motocicletas, bicicletas, algún que otro taxi, ambulancias……
Acercándonos hasta el lugar, desde bien temprano nos vamos encontrando personas, que han decidido llegar caminando….en ellas, se atisba una sensación de entusiasmo a cada paso que dan.
Y nos llega un olor especial, ¡pero qué bien huele a chocolate recién hecho!….y lo saboreamos con total complicidad entre vecinos y amigos….
Manjavacas desprende un halo de belleza sin igual, un halo de serenidad que se mezcla con el nerviosismo previo a la salida….y a la carrera….nos encontramos ante la atmósfera adecuada, donde se respira la más profunda de los emociones, la que nos embarga a todos…la que empapa al alma de nostalgias infinitas….y devoción verdadera…
¡Ya sale, ya sale de la ermita!...gritan unos, haciéndonos voltear el rostro a otros….y todos, sin excepción nos arremolinamos en torno a “ella”….y se escuchan vivas y aplausos…. y ¡guapa, guapa , guapa!…despacio, con tenues movimientos marcados por el son del tambor, es portada hasta “el hito” para resguardarla del polvo del camino con el manto verde que desde la lejanía se divisa….y en volandas la cogen, anderos….los nuestros….y comienza a silbar el viento anunciando su llegada….cada paso, una añoranza….cada paso , una lágrima….cada paso, una mirada de apoyo….cada paso, una promesa….cada paso, un suspiro…..cada paso, una vida…cada paso, un alma…...cada paso, eres tú, Señora de Manjavacas, el lienzo perfecto para que las pinceladas de nuestras raíces asomen sin ningún pudor. El astro sol comienza a calentar con más ímpetu y el esfuerzo se va haciendo patente en cada uno de los que la acompañan, pero la emoción supera cualquier obstáculo.
¡Cuidado!, un chico ha caído, pero apenas roza el suelo con su cuerpo cuando unos brazos fuertes ya le tienen agarrado, y en volandas vuelve de nuevo a continuar corriendo como si nada hubiese sucedido.
¡Paraaa, que me bajo del tractor!-grita alguien-y de un salto se baja para acompañar a los demás en lo que resta de trayecto. Y con cien mil ojos puestos en todo, la persona que lo conduce, con sumo cuidado vuelve a emprender la marcha.
La marea de personas que la acompañan, siguen pendientes de cualquier mínimo detalle, pendientes del cansancio de los compañeros para hacer el relevo, pendientes de “ella”, para que el tramo se desarrolle en la mejor de las armonías. Los mayores con su veteranía van aportando organización y recuerdos, los jóvenes con su fuerza son los que dan el empuje final a base de sudor y emociones.
Poco a poco se van acercando, la media legua está encima. Algo cansados por el esfuerzo, esas gotas de agua que allí se vierten en sus cuerpos son las que impregnan el camino, para ver cumplida en breve, la ilusión que les une, que nos une.
Con palabras de ánimo, en breves segundos retoman la carrera. En ese punto, se agrega más gente, mayores y pequeños que por sus condiciones físicas, aún no son capaces de aguantar todo el recorrido.
Algunos desde el margen de la carretera, dirigen su mirada hacia el grupo con nostalgia. Antaño también corrieron, pero ya no pueden, no pueden. Y en sus adentros un pálpito les golpea intensamente. ¡María, venga, que sólo es este poquito!, y una mano temblorosa le sujeta, sabiendo que en su interior, la lucha es grande porque a ella también le gustaría poder volver a verle correr con su Patrona.
La cercanía a Mota ya se nota en el ambiente, una aglomeración inmensa de personas la esperan en la última curva camino del pueblo. No hay palabras para describir ese momento. Solamente llega y los rostros de todos se van transformando. Más aplausos, más vivas….a la Virgen….a los anderos….a todos cuantos la acompañan.
La entrada al pueblo es triunfal, hay gente por todos lados. ¡Ya está aquí, ya está aquí! Muchos intentan ubicar el mejor sitio para no perderse nada. En cuestión de segundos llega hasta “el pocillo”, donde la explosión de emociones es total. Lágrimas contenidas durante el trayecto afloran con emoción, abrazos que se fusionan con besos y felicitaciones. Uno tras otro se acercan hasta “ella “para tocarla y sentir ese momento. Para muchos, promesas cumplidas que estaban en la mente y devoción sobre todo. El sudor impregna los rostros de hombres y mujeres, grandes y pequeños, pero la satisfacción es tanta que todo merece la pena.
A la espera de otro de los instantes más emotivos, quienes allí se encuentran, continúan aguantando estoicamente el calor. La música ya está preparada, y es el momento cumbre, cuando la mano de una paisana descubre el bello rostro de la Antigua de Manjavacas y su Santísimo Hijo, entonces, Mota del Cuervo es un solo corazón.
María de Manjavacas ya pisa nuestro pueblo.