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Voces de Cuenca | Contraportada
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23/04/2010 - Cuenca de mis olores (En busca del olfato perdido)
Tarde o temprano teníamos que caer en las redes de la cebolla, allium cepa, de olor fragrante y fuerte, tan importante en la medicina popular como remedio a numerosas afecciones, protagonista de arrebatos de amor en nuestro refranero y palabrario español: “Contigo pan y cebolla”, punto de encuentro de tantos seguidores del poeta de moda, Miguel Hernández y sus 'Nanas de la cebolla'.
Por Juan Clemente Gómez

Tarde o temprano teníamos que caer en las redes de la cebolla, allium cepa, de olor fragrante y fuerte, tan importante en la medicina popular como remedio a numerosas afecciones, protagonista de arrebatos de amor en nuestro refranero y palabrario español: “Contigo pan y cebolla”, punto de encuentro de tantos seguidores del poeta de moda, Miguel Hernández y sus Nanas de la cebolla.

Dicen que en la antigüedad los guerreros tenían la costumbre de comer cebolla antes de una batalla porque les daba valor y fuerza; además purificaba el aire, por lo que se solían colocar en las casas y cuadras.

El primer recuerdo en la mente del buscador de olores se afinca en Almodóvar del Pinar, villa que en 1753, según Torres MENA era bastante grande y bien poblada, en la que se crían muchos corzos, ciervos, conejos, liebres y perdices y sus mujeres son muy aplicadas para echar telas de lana y cáñamo con destino a las necesidades ordinarias de las familias.
 
Almodóvar se une a los nombres de D. Domicio, el cura en los años cincuenta, Constantino el guardia, grande como un armario, el Comandante de Puesto D. Eladio Camacho y su familia Constantina Gómez, Angelines y Mari Carmen, personas todas ellas ajenas a mis elucubraciones mentales cebollísticas, porque el olor que tengo entre ceja y ceja  es de cebolla cocida, propia de los preparativos de la matanza del cerdo, allá en el amplio patio-corral del cuartel de la Guardia Civil, bajo cuyo techo pasé dulces temporadas estivales ,al igual que en Olmedilla de Eliz, Beamud de la Sierra, Fuente de la Sabina y Tragacete.
 
Unidos al borbollar del caldero repleto de cebollas figuran los efluvios suaves de la cebolla, mansos, olores de dulzura calmosa y preparatorios del sacrificio ritual del cerdo en el que participaban los vecinos, todos a una, y los chavales nos las prometíamos  muy felices esperando el momento de estirar del rabo al gorrino y sobre todo de darle patadas a su blanca vejiga, a guisa y manera de un balón de fútbol, tan escasos andábamos de balones de cuero, los llamados “de reglamento”.
 
Dicen que si se lleva una cebolla en un bolsillo, previene enfermedades como las fiebres tercianas o la gripe y frotada sobre el cuerpo elimina la tiña y para que a un calvo le crezca el pelo debe frotarse cebolla en la cabeza.
 
Después de la matanza, el olor de las cebollas cocidas se desparramaba entre los baldes que las mujeres colocaban sobre la mesa para hacer las sabrosas morcillas de cebolla y todo el cuartel era un canto a la vida jugosa que las viandas del cerdo presagiaban para el crudo invierno de Almodóvar.
 
En los ratos de insomnio mental este peregrino olfatorio se pregunta la relación ontológica que existe entre la morcilla de cebolla y el cura D. Domicio, primer contacto directo con el aprendizaje de monaguillo en la ermita. La respuesta vaga por las calles de esta villa cuya industria y comercio principal era la Carretería por las Castillas y Andalucía y cuna del notable sujeto Don Juan del Pozo el del Convento de San Pablo y Primer Puente de San Pablo, el de piedra de toda la vida.
 
Oler y recordar, todo un milagro de nuestra existencia. Evocar volver a vivir, a resucitar retazos de piel, de sangre, de nervios y huesos, retornar a la vida personas, como Eladio, con su risilla inalterable, como la tía Constan, última superviviente de la dinastía Gómez Velasco, de prodigiosa memoria y poetisa del pueblo. Almodóvar, con su iglesia convertida en cine y su cura D. Domicio, refugiado bajo los vapores del incienso en la ermita. Almodóvar y el 5 de Agosto, olor a fiesta en las calles al amparo de la Virgen de las Nieves.
 
Dicen que  el poeta romano Ovidio recomendaba el consumo de cebollas e indicaba que en el caso de los hombres, añadían virilidad, y en las mujeres, purificaban la sangre.   Mi reino por una cebolla… cocida en Almodóvar.
 

 

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