Veo las aceras inundadas de cáscaras de pipas, la bolsita al lado, en el suelo en lugar de estar en la papelera y siento vergüenza ajena. Me entran unas ganas enormes de confesarme ante todos, me subo al púlpito y me confieso:
Confieso que en los velatorios no se qué decir y pongo cara de bobo cuando he de dar el pésame a la familia, una veces digo que en paz descanse y otras que en par descanse, igual que cuando era pequeño y rezaba la letanía en latín, cuando tocaba decir “Virgo fidelis” yo decía vivan los fideos y mi madre hacía como que no se daba cuenta y contestaba ora pro nobis.
Confidencialmente, voy a los velatorios por necesidad, para ver la cara de la gente e inventar luego historias en la intimidad de mi ordenador. Si yo fuera alcalde programaría en mi ciudad velatorios las 24 horas del día, son centro de reuniones interesantes y además gratuitos, eso sí, velatorios sin difunto, o al menos, con difunto ficticio, un día cada vecino del barrio, por turnos, para variar.
A veces pienso que sería un buen negocio inventar un pegamento cuyo ingrediente principal fueran los mocos. Un pegamento o una sopa energética. Es un pensamiento un tanto asqueroso pero me encanta saber que con mi invento contribuiría a un inmenso ahorro de disolventes, materias primas y electricidad. Me nombrarían ciudadano honorífico del mundo.
Confieso que me encanta el color amarillo y cuando me muera quiero que mi ataúd sea de color amarillo, amarillo huevo para que se vea bien y llame la atención. No hace falta que sea de madera, con que me lo hagan de papel o de una tela barata me conformo. Es una idea que debería adoptarse para todos. ¿Alguien se ha parado a pensar la cantidad de madera que se ahorraría en el mundo?
A los cuarenta y cinco años empezaron a salirme pelillos sobre las orejas. Si no me los afeitara tendría una inmensa cortina velluda que arrastraría por el suelo. Originaría muchos accidentes y sería un ciudadano peludo y peligroso.
Durante algunas épocas de mi vida no me lavaba los dos pies al mismo tiempo, sino que iba alternándolos, uno cada quince días. Siempre fui muy ahorrativo. Ahora que estoy casado parece feo que engañe a mi mujer lavándome de esa manera. Eso sí, ahorraría mucho agua, jabón, detergente, gas, electricidad, toallas. Etc ..Podríamos ser millonarios.
Me habría gustado almacenar las uñas cortadas en una habitación, de haberlo hecho tendría una fortuna, suponiendo que alguien me las comprara. Podrían servir como combustible energético o, bien molidas, abono de calidad superior para nuestros campos contaminados con pesticidas malolientes.
Soy coleccionista de zapatos viejos, me encanta rebuscar en los contenedores y en los basureros cualquier clase de calzado, aunque esté viejo, roto y zarrapastroso. Se pueden formar verdaderas composiciones artísticas con los zapatos viejos.
De hecho, un amigo mío, artista afamado, ha colgado sus zapatos en los mejores museos de Nueva York. Cualquier día me haré famoso colgando yo también un par de calcetines vanguardistas con agujero incluido.
Me chifla comer con las manos, zambullirme en el plato y remover la comida con mis dedos grasientos. Es un placer de dioses, que ya lo hacían en la antigüedad .Si todos lo hiciéramos nadie se extrañaría, sería algo normal y la humanidad se ahorraría mucha energía. Materias primas, intermediarios, publicidad, etc...
Me encanta estar sentado en la taza del wáter durante horas y horas; quedarme allí, tan a gusto, mirando al infinito, sin pensar en nada, dejando pasar el tiempo. Algunos necesitan irse de vacaciones y descansar en una playa paradisíaca. Son consumistas contaminadores convulsivos.
Cuando voy por la calle me dedico a contar determinado tipo de personas. Por ejemplo, mujeres embarazadas, y me voy fijando en su vientre a ver si lo tienen ya abultado, a veces me cuesta encontrarlas, pero cuando veo una me pongo tan contento. Otras veces cuento hombres cojos, o mujeres tuertas, o niños con cara de gato. En fin es un deporte bastante entretenido y muy barato, tan barato que me sale gratis totalmente. Lo más difícil es buscar fantasmas con dentadura postiza.
Confieso avergonzadamente que soy un ratero. Me gusta llevarme los saleros de los restaurantes, los ceniceros de los hoteles y de los vagones de ferrocarril.
Un día me encapriché de una señal de tráfico para mi casa de campo, y me presenté en la carretera a media noche .Amparado en la oscuridad me apoderé de ella como una alimaña.
Para consolarme pienso que ya me lo han cobrado antes de pagar la factura, o que me descuentan demasiado en los impuestos. En realidad, sólo cambio de lugar las cosas, eso me tranquiliza y así no me remuerde la conciencia.
Tengo animadversión hacia los comedores de pipas de girasol, lo dejan todo perdido. Los vendedores de bolsitas sólo deberían venderlas a quienes les trajesen una bolsa llena de cáscaras, así se evitaría tener las calles sucias.
-Deme una bolsa de pipas.
-¿Traes las cáscaras de la última que te vendí?
-No, se me ha olvidado.
-Pues si no hay cáscaras no hay pipas , ya sabes....
Odio el refrán “Más vale pájaro en mano que ciento volando”. No puedo soportar la idea de tener entre mis manos, convertidas en garras, a un pajarillo indefenso,que se reconcome de envidia mirando cómo vuelan sus cien hermanos. Es mucho más hermoso contemplar la bandada de pajarillos que pían alegremente , saboreando su libertad .
Y aunque la frase “matar dos pájaros de un tiro” parece que la inventó alguien que quería ahorrar municiones, y evitar la contaminación plúmbica, es sólo una falacia vulgar ¿Cómo se puede ir por la vida matando pajarillos que no han hecho ningún mal a nadie, con la excusa de que así se ahorra mucho más?
El mundo sería distinto si todos confesáramos nuestras culpas, sería un espectáculo parecido al de los velatorios con difunto de pacotilla, ¡Confesiones a todas horas! ¡Totalmente gratis! Sin reserva de localidades, pagos con tarjeta, impuestos añadidos....etc...
Confieso, finalmente que soy un visionario y me gusta descontaminar a la gente, lo malo es que siempre lo hago contaminando, es decir contando cuentos con mina o....con punta, que es lo mismo.
Es una pena que la gente siga con su “miendo” sin parar, o… ¿sería mejor escribir “con su miedo”, sin parar a pensar lo mal que lo pasan los escarabajos peloteros en el desierto de Atacama?
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