¿A quién no le han sacado los colores alguna vez en su vida? Cuando esto ocurre, a la gente normal se le pone la cara como un tomate maduro. Servidor, que no es nada normal, tiene la gracia de fagocitar situaciones adversas y convertirlas en colores llamativos: como el de baba-babosa de la Fuente de los Tilos, camino de Beteta, o el fosforoscitado brillantilliun carburundun, de Vadillos, color apropiado para pasar desapercibido durante una noche toledana.
Una vez, a la memorable edad de seis años fui sorprendido por el guarda del parque de San Julián, (no sé por qué hay que decir antes de Canalejas. ¿Antes de qué?) escupiendo en el recién estrenado tobogán, era el tobogán, porque no había otro en toda Cuenca. En realidad, escupíamos todos los chavales, pero me pillaron a mí por ser el más listo, como Antoñito el Pinturero, el más listo por la cola. Bien, bien, bien…multa al canto de diez céntimos y si no al cuartelillo.
Llegas a casa todo descorazonado, angustiado, vilipendiado por ser un escupetoboganes, aprendiz de macarra, delincuente en ciernes. Pides una perra gorda a tu madre, toda asustada por el delito cometido y allá que bajas corriendo por las escalerillas del túnel, en busca del guarda celosón de su trabajo, custodio del orden y de la pulcritud, pagas la deuda y ya tienes un pecado venial para confesar a D. Felipe el párroco del Salvador:
Padre yo, con cara color lata-oxidada, me arrepiento de haber depositado con saña y alevosía un pequeño gargajito rosa en la superficie brillante del tobogán del parque de San Julián, antes de Canalejas, para que cuando las niñas se escurran, contentas y bullangueras, pues eso, ya sabe padre, a ver si le voy a tener que dar todos los detalles… -Y no lo vuelvas a hacer, porque si no, cuando venga tu padre te pondrá el culo como un tomate -me reprendió, un tanto distante, mi santa madre-.
Entonces, que ya iba yo para lingüista, supe que el tomate debía ser algo importante y sigo opinando lo mismo. Ese aroma a mata de tomate, cuando el destino te pone a tiro en un huerto, digamos del amigo Nicolás, peluquero de toda a vida en la calle Sánchez Vera, recogedor de resinas en Garaballa, celador en el hospital o del amigo Alejandro, herrero de la puerta de Valencia, alias “El Robinsón”, ambos buenas personas, o de cualquier huerto apócrifo…ese aroma digo, no es aroma vulgar, es puro néctar divino, ambrosía cabal, placer de los placeres que te llevan al cielo de cabeza.
Como los tomates de Cuenca, nada en el mundo, con permiso de los hortelanos de El Picazo o de Sisante. El tomate de postre, con sal y salero, durante las tardes de merienda en la Fuente de la Teja, oliendo a gloria, lo mejor del verano y que se quiten advenedizos como los Cherry, los Raff, el tomate pera, los canarios y los vaya usted a saber. Y es que el refranero es sabio con el tomate: ”A pie de las tomateras, no hay malas cocineras”, El tomate , hasta que se remate” “Tomates crudos con sal, gustoso manjar“, incluso nuestro buen Padre Diosito Dios anda interesado por esta bendito fruto de la tomatera: “Dios me dé en mi casa tomates y berenjenas , y no faisanes y salmones en la ajena” “A quien Dios quiso ser grato, de pollo con tomate le llenó el plato; y a quien no, unas acelgas le dio”.
Si alguna vez, queridísm@ lector@, sueñas con tomates, no debes dejar tomarte el pelo por esa persona con quien quieres mantener relaciones. Sólo me queda darte la bendición en esta vida , con pan y tomate, para que no te escapes .
|
Resultado: | 6 votos |








