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Voces de Cuenca | Contraportada
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13/08/2010 - CUENCA DE MIS OLORES
Por Juan Clemente Gómez

Según Raúl Torres, especialista en oncejos, chicornios y truchorras, un lugar de poder es aquel centro mágico y esotérico que irradia a su alrededor efluvios  espirituales  capaces de rozar  el misticismo. Es preciso para percibirlos tener antenas especiales y no pasar de largo, caminar lentamente, aspirar, otear, ventear, pararse las veces que sea necesario .Cuenca, ciudad mágica por excelencia, posee muchos de estos lugares, uno de ellos  es el triángulo de la Puerta de Valencia, calle de los Tintes y calle de la Moneda. Hasta no hace muchos años existió junto al río Huécar, en este vértice poderoso, una caseta pintada de verde, conocida como la churrería de la Puerta de Valencia. La moderna urbanización del entorno se llevó la churrería a tomar viento, igual que la casa bajo la que durante muchos años adosado como una lapa ,convivió un quiosco de chucherías, conocido por todos como el carrillo de la Puerta de Valencia, y tantos otros recovecos y cuchitriles adventicios a las rocas sagradas guardianas pétreas del eterno Huécar.

Cierras los ojos y te ves en la cola de la churrería con tres pesetas rubias para comprar una docena de sabrosos churros tejeringos. Churros de toda la vida, envueltos en papel de estraza y chorreando aceite .Churros huecarinos, rebosantes de vida que esperan el aterrizaje en el número catorce de la calle de la Moneda, para celebrar simplemente nada, que es domingo y la vida es bella. En las grandes celebraciones familiares la docena de churros se convertía en una rueda completa, quizás dos, una Comunión, un bautizo, y tu padre era feliz invitando a sus colegas de Correos el Viejo, en plena calle de Calderón de la Barca, el de la boca de león como buzón de cartas, desterrado actualmente en una de las paredes del Ayuntamiento, en la Plaza Mayor.

Sin venir a cuento piensas en Rodin haciéndose preguntas tales como: ¿Qué es un churro? ¿Cuál es la última esencia de un churro? Su razón de ser, la causa de su volatilidad. ¿Qué diferencia vital hay entre un churro recién hecho y otro con sólo una hora de vida? ¿Para qué sirve un churro? Preguntas importantes que exigen respuestas inteligentes fuera de la banalidad aparente.

Oler a churros es aspirar toda una vida  a la par del Huécar, absorber el tuétano de las horas sin alfa y sin omega, ni punto de comparación con los churros modernos que saben a masa de artificio  o duermen congelados en los arcones de los hipermercados. “Aquellos churros trajeron estos otros”, como diría el poeta, y en la actualidad, la churrería Marisa con Ángel, el churrero mayor, no tiene rival en Cuenca, bien es verdad que unos churritos en Ruiz saben a gloria bendita a la hora de la tertulia con Julián Recuenco, los Olmedilla, Ángel y Fernando, Goliardo, Griselle, Serrano, Manuel Amores y un largo ecétera, siempre bajo la batuta del maestro  Raúl Torres. Como en los gustos de la vida, de churros, no hay nada escrito, hay quienes los prefieren tomar en la Plaza del Mercado, antes de los Carros, o quienes se reservan para la Feria de San Julián. Por quedarme lo hago con los churros de la Puerta de Valencia , sin olvidar la imagen de la churrera del barrio, que iba por las calles vendiéndolos ensartados en un junco, voceando la mercancía con voz mañanera: “¡La churreraaaa!”

Apenas te desconcierta el vocabulario onírico de los juegos infantiles, sin  sentido aparente, pero gozas con ese barniz de lingüista que aún conservas cuando te recreas en el mundo de tus recuerdos con la imagen de los chavales saltando en hilera a la voz de “Churro, media manga, mangotero”,cuyo origen y significado se pierden en el acervo de la cultura popular, pero viene a confirmar la teoría de Rodin sobre la importancia del churro en nuestras vidas, sobre todo en la de los artistas que hacen obras como churros y que las cuelgan delicadamente en las pinacotecas, o las dejan pacer en los museos, aunque les hayan salido hechas un churro, así es la vida,

Me ha salido un churro.

En Cádiz tejeringos y jeringos en Córdoba.  En Francia churros o “chichis”.

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