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Voces de Cuenca | Contraportada
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28/05/2010 - Cuenca de mis olores (En busca del olfato perdido)
Cohetes, petardos, tracas , "bombas”, “bombetas" y carretillas… todo me recuerda a la Cuenca de mis amores. El principio de esta relación olorosa se remonta a los años cincuenta, en la época de las hogueras, en el dos de mayo.
Por Juan Clemente Gómez

Cohetes, petardos, tracas , “bombas”, “bombetas” y carretillas… todo me recuerda a la Cuenca de mis amores. El principio de esta relación olorosa se remonta a los años cincuenta, en la época de las hogueras, en el dos de mayo. Al terminar la Semana Santa, los chavales, nos dedicábamos en cuerpo y alma a recoger por el barrio toda clase de restos de madera, cualquier palo valía, casi siempre nos daban las escobas viejas y desmochadas, alguna silla rota, butaca de mimbre desvencijada, etc... El cuartel general del barrio del Salvador estaba en el atrio de la Capilla de la Esperanza, allí teníamos nuestro almacén particular, a buen recaudo de la codicia de otros barrios, sobre todo el de Zapaterías con los que nos llevábamos como el perro y el gato. Más de una vez intentaron robarnos la mercancía, sin éxito por su parte. Las peleas que recuerdo, las famosas “dreas” son precisamente contra aquellos chicos que bajaban como las huestes de Atila a mangarnos los palos, nos liábamos a peñazo limpio y sin avisar.

La  pólvora, fue descubierta por casualidad en China en torno al siglo IX. Su hallazgo parece ser fruto de las investigaciones de algún alquimista que, en su búsqueda del elixir de la eterna juventud, dio por accidente con la fórmula del explosivo, y para regocijo nuestro al llegar las hogueras se abría la veda para comprar un puñado de petardos baratos y alguna bombeta, sin pensar para nada en la feliz idea del alquimista.

Uno de aquellos días, al pasar por las Escuelas Aguirre, nos detuvimos en el portalón de entrada, abierto de par en par y yo, que siempre fui un chavalón comedido y prudente se me ocurrió encender un petardo por sorpresa y con alevosía, no sé todavía para qué, pues lo único que logré fue la reprimenda de la pandilla, que no les hizo ninguna gracia. Allá quedó el polvillo del petardo impregnando de olor a pólvora baratera para toda mi vida. Había realizado mi primera machada. Fue como el bautismo de fuego pandillero.
 
Los primitivos pampas argentinos usaban, con efecto, una bebida, que, por lo calmante, haría sin duda las veces de un té de malvas. Estaba compuesta  de pólvora, jabón y piedra lipis o vitriolo (sulfato de cobre) disueltos en agua. Una bebida, ciertamente explosiva, como para tirar cohetes. Para la curación del Herpes Zóster, conocido  vulgarmente como "culebrilla" por la forma en que se manifiesta la infección en la piel, existen fórmulas a base de aplicar sustancias tan diversas como la pólvora, tinta china... y rezos que se deben efectuar antes de que se junte la "cabeza" con la "cola" del supuesto reptil. 

Todavía existe la costumbre en los hogares conquenses de decir “Vamos a ver la pólvora”, la última noche de las fiestas de San Julián, sin saber que aún sigue habiendo gente más o menos famosa que inventa la pólvora todos los días, o que martirizan al personal con salvas de pólvora mojada. Y para darle a gusto a todos recomiendo para determinadas ocasiones usar la denominada "pólvora de duque” salsa elaborada con una mezcla de diferentes especias: canela, clavo de olor canela y azúcar. Un sabroso polvorín…lejano pariente del polvorón, nada que ver con los pies en polvorosa, que todo hay que decirlo.

 

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