Marzo de 1910. Clara Zetkin defendía, durante la 2ª Conferencia Mundial de Mujeres Socialistas la proclamación del 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora, brindando un homenaje a las mujeres obreras que habían dado su vida para exigir mejores condiciones laborales para la clase trabajadora.
Marzo de 2010. Miles de mujeres nos manifestamos en todo el Estado para proclamar que la crisis no nos para, y que como mujeres no vamos a pagar las consecuencias de una crisis que pretende recortar derechos adquiridos tras siglos de lucha obrera y feminista.
Las consecuencias de la crisis económica están repercutiendo sobre todo en las mujeres trabajadoras, especialmente a las jóvenes y las migrantes. España encabeza el ranking europeo de parados y paradas jóvenes con más de un 43%. De este 43% las mujeres jóvenes suponemos más de un 60%, a lo que se suman los mayores índices de precariedad que tenemos que soportar. Precariedad que toma forma de temporalidad y parcialidad, y que nos sitúa a en el pico de la pirámide de la precariedad y la explotación capitalista.
Al mismo tiempo estamos sufriendo un ataque político e ideológico sobre los derechos conquistados históricamente por los movimientos feministas. La derecha política, el sistema judicial y la iglesia católica, con el odio que les caracteriza, atacan cualquier política de igualdad: ya no se debate de plazos en el aborto, sino del derecho al aborto en sí. Pero no sólo la derecha política, mediática y eclesiástica la que juega este papel. Nos enfrentamos a un gobierno cobarde, que trata de construir falsos consensos inalcanzables, ¿alguien habló de consensos con la ley de matrimonio entre parejas del mismo sexo? Cuando se trata de una cuestión que afecta a las mujeres, que afecta a su reproducción, a la reproducción de fuerza de trabajo, estamos hablando de otra cosa. Aquí si toca regatear y retroceder. Porque lo que se está defendiendo ahora es el derecho de las mujeres a decidir sobre su vida, y eso choca frontalmente con un sistema capitalista que necesita de la mitad de la población, y lo que está produce y reproduce, en situación de invisibilidad, que necesita de excluidos e invisibles, que sostengan lo insostenible por los siglos de los siglos.
Por todo esto, este 8 de marzo tiene que ser un día de lucha especialmente combativo. Un día en el que las mujeres, y los hombres, gritemos que cualquier modelo de vida que no sea sostenible, que no se construya desde los equilibrios, donde no se reparta el trabajo, con reducciones de jornada, no será válido. Este 8 de marzo, 100 años después de que Clara Zetkin colocase la lucha de las mujeres en la centralidad política, tenemos que volver a trabajar para construir conciencias, para construir y colocar a la mujer en el centro de la lucha política y revolucionaria.
Porque este 8 de marzo es una oportunidad más para construir movimiento feminista combativo. Movimiento feminista que vaya a la raíz del sistema patriarcal y capitalista, y que deje de maquillarse la cara con políticas ligeras, para taparse las heridas.
Porque sin la emancipación de las mujeres no hay emancipación posible de la clase trabajadora.
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