22/12/2017

Síndrome del charnego

La traición de la memoria, el recuerdo y la evocación es la mayor de las perversiones que los hijos de los inmigrantes andaluces, castellanos, gallegos, aragoneses o extremeños han hecho a su propia memoria histórica; hoy la evocación de aquellos cientos de miles de inmigrantes, que hace cincuenta o sesenta años, levantaron Cataluña como mano de obra barata, traicionan su propio recuerdo y se comportan como aquellos burgueses que en los años cincuenta, sesenta o setenta, los definían como charnegos; duro término que puede sonar a cosas poco agradables, pero que podríamos definir como algo parecido a "forastero inadaptado". Llegaron, perdón, llegamos a Cataluña en los últimos años del franquismo huyendo de la hambruna, la represión, la marginación y la postración de nuestra tierra. Había que comer y en muchos de nuestros pueblos, después de la crueldad de la posguerra, no había ni un mendrugo de pan.

La memoria traicionada de los hijos y nietos de los inmigrantes andaluces, castellanos, gallegos, extremeños o aragoneses; la memoria traicionada de aquellos charnegos de chabolas que crean personajes despreciables como Gabriel Rufián que hablan con asco, con odio y con desprecio de su propia tierra. Triste destino de familias al completo, que como las dos Españas, andan divididas y de espaldas una mitad a la otra mitad; unos viviendo la fe del converso y sus enormes deseos de agradar y de ser acogidos en la nueva República Catalana queriendo ser estandartes y exponentes del triunfo del independentismo sobre la España democrática; los otros, si se mueren que se mueran, pero con la cabeza muy baja; en eso consiste su derecho a decidir, sus protestas pacíficas, sus presos políticos y su victimismo.

Cuando decides escribir cosas como estas, con una tremenda rabia y dolor, con la más absoluta incredulidad,  sospecha y duda de aquella parte de tu familia, que al igual que tú se marchó de su pueblo alcarreño porque no podían vivir  y no podían alimentarse en una tierra olvidada, subdesarrollada y abandonada por el régimen y que ahora, lo único que hacen es culpar al pobre de su pobreza, mantener en su mente la imagen tercermundista de su pueblo y culpar a su tierra del abandono, dejadez, apatía, rencor, odio y  desánimo que sienten hacia los que allí se quedaron o volvieron con el tiempo.

No lo creo todavía, veo a mis hermanos llenando de votos las urnas independentistas; olvidaron las noches de estrellas y de alegrías; miro, hablo, escucho y veo y todavía no lo creo. Sin embargo aún dudo de su buena suerte, aunque voten en catalán, en castellano se duermen.
 

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